
En la mitología, los símbolos de la sombra incluyen a demonios, diablos y seres malignos. Este arquetipo puede ser evocado en nuestras relaciones con otros cuando sentimos una gran incomodidad con una persona, pero no podemos especificar con precisión lo que provoca ese malestar. Por ejemplo, podemos sentir un desagrado inmediato por personas que apenas conocemos. En esos casos es posible que estemos proyectando en esas personas nuestra sombra porque reconocemos en ellas algo que nos desagrada de nosotros mismos. La gente por lo general ve su propio lado como inteligente, valeroso y honrado. Se requiere insight psicológico y en ocasiones valor personal para lidiar con el arquetipo de la sombra. Si no logramos reconocer nuestro la oscuro “inferior” es posible que la sombra se separe de la experiencia consciente del yo. En ese caso, nuestra personalidad estaría incompleta y truncada. El desarrollo psicológico armonioso y equilibrado implica tomar conciencia y aceptar la existencia de nuestras cualidades de sombra. Podemos llegar a reconocer que no estamos del todo libres de lo que consideramos los rasgos malos o malignos que vemos en los otros.








